PSICOLOGÍA INFANTIL

Psicólogo infantil en Mallorca

Cómo funcionan las sesiones de psicología infantil

Una primera valoración sirve para analizar la situación, distinguir entre una dificultad evolutiva y un patrón que empieza a consolidarse, y decidir cómo organizar la intervención con el menor o la familia.

P E D I R C I T A

¿Cómo puedes pedir cita con nosotros? 

Para solicitar una sesión de psicología o psiquiatría con Pensaments Psicólogos Mallorca puedes hacerlo de la siguiente manera:


Teléfono

Llamando al 638 54 00 60


Whatsapp

Mensaje al 638 54 00 60


Reserva via web

Desde esta misma página

* Actualmente solo atendemos con cita previa, por lo que no tenemos un servicio de urgencias para primeras visitas. 
Psicologo infantil Mallorca

Psicología infantil en Palma de Mallorca: cada caso empieza por una asignación personal

Cuando una familia contacta con Pensaments Psicólogos Mallorca, la cita se asigna a partir del motivo de consulta, la edad, la intensidad del problema, los horarios y el tipo de intervención que puede necesitar. Este primer filtro permite detectar desde el principio si conviene una valoración infantil, una sesión de orientación para madres y padres, una intervención con el adolescente o la coordinación con otro recurso.

Primera valoración infantil: 50 minutos · 70 €

Sesiones de intervención: 70 €

Cuándo acudir a un psicólogo infantil

La pregunta habitual es sencilla y difícil a la vez: «¿Es una etapa o deberíamos pedir ayuda?». Cuatro criterios permiten orientarse mejor:

  • Frecuencia. La situación aparece varios días por semana o siempre ante el mismo tipo de momento.
  • Duración. Lleva semanas presente, gana intensidad o reaparece con el mismo patrón.
  • Interferencia. Afecta al colegio, el sueño, la alimentación, las amistades, la autonomía, la autoestima o la convivencia.
  • Desgaste. La vida familiar empieza a organizarse alrededor del miedo, la discusión, la evitación o la próxima explosión.

El impacto aporta más información que la intensidad de un episodio aislado. Un miedo aparentemente pequeño merece atención cuando limita muchas decisiones. Una rabieta intensa puede corresponder a una etapa cuando aparece de forma puntual y el niño recupera la calma con ayuda.

Es importante tener en cuenta que las autolesiones, las verbalizaciones suicidas, una pérdida marcada de peso, la violencia con peligro, el consumo de sustancias con riesgo o una desconexión brusca de la realidad requieren atención inmediata. Ante una situación de riesgo, llamad al 112 o al 061.

Problemas que trabajamos y cómo los abordamos

Ansiedad infantil, miedos y evitación

Valoramos qué teme el menor, qué situaciones evita, qué hace la familia para aliviarlo y cómo ese alivio inmediato influye sobre el miedo con el tiempo. El tratamiento suele combinar comprensión de la ansiedad, exposición gradual, habilidades de regulación y cambios en la respuesta familiar para que el niño recupere su autonomía paso a paso.

Rabietas, impulsividad y problemas de conducta

Observamos qué ocurre antes de la explosión, qué obtiene o evita el menor con ella y cuánto tarda en volver a estar disponible para hablar o reparar. El trabajo puede incluir anticipación, instrucciones breves, límites consistentes, entrenamiento en pausa y recuperación, refuerzo de conductas alternativas y acuerdos comunes entre los adultos.

Baja autoestima, inseguridad y perfeccionismo

La autoestima infantil mejora a través de experiencias de competencia, pertenencia y aceptación. Por eso trabajamos la autocrítica, el miedo al error y la comparación, al tiempo que el menor practica conductas concretas: pedir ayuda, intentar algo difícil, participar, tolerar una corrección o volver a una actividad que había abandonado.

Dificultades escolares y bloqueo académico

Un descenso en las notas puede expresar malestar emocional, presión, dificultades atencionales, problemas de aprendizaje o conflictos sociales. La valoración ayuda a separar estos factores y a decidir si el objetivo principal está en la ansiedad, la organización, la relación con el error, la coordinación con el colegio o una evaluación específica.

Relaciones, acoso escolar y adaptación social

Exploramos la seguridad del menor, la dinámica del grupo, su manera de interpretar las interacciones y los recursos que tiene para pedir ayuda, poner límites o reparar un conflicto. Cuando procede, la intervención incluye coordinación con el centro escolar y pautas familiares que protegen al niño sin aumentar su aislamiento.

Duelo infantil, separación de los padres y cambios familiares

Los niños necesitan explicaciones ajustadas a su edad, rutinas previsibles y permiso para expresar emociones distintas, incluso contradictorias. En separaciones familiares atendemos también los conflictos de lealtad, los cambios entre hogares y la necesidad de recibir mensajes coherentes por parte de los adultos.

Pantallas, redes sociales y videojuegos

Analizamos la función del uso digital, las actividades que ha desplazado, el sueño, la relación con el grupo y la forma en que se aplican los límites. Los acuerdos suelen incluir horarios, momentos protegidos, alternativas reales y criterios compartidos por los adultos, además del trabajo directo con el adolescente cuando la pantalla se ha convertido en su principal vía de alivio

La misma conducta puede significar cosas muy distintas

Una de las diferencias entre dar consejos generales y realizar una valoración psicológica consiste en formular hipótesis. Estos ejemplos muestran por qué una pauta útil para un niño puede intensificar el problema en otro:

Cuando la familia ve que el niño «Se resiste a ir al colegio»

Qué puede haber detrás
Qué valoramos antes de intervenir

Ansiedad de separación, miedo a equivocarse, acoso, dificultad de aprendizaje, ansiedad social o agotamiento.

Cuándo empezó, qué días ocurre, qué asignaturas o personas aparecen, qué síntomas físicos tiene y qué sucede cuando se queda en casa.

Cuando la familia ve que el niño «Explota con los deberes»

Qué puede haber detrás
Qué valoramos antes de intervenir

Perfeccionismo, fatiga, dificultad atencional, miedo al error, transición difícil entre actividades o una forma aprendida de retrasar la tarea.

Nivel real de la tarea, momento del día, duración, ayuda recibida, respuesta de los adultos y tiempo que tarda en recuperar la calma.

Cuando la familia ve que el niño «Pasa gran parte del tiempo con el móvil»

Qué puede haber detrás
Qué valoramos antes de intervenir

Necesidad de pertenencia, evasión de una emoción, hábito, presión del grupo, descanso tras un día exigente o desplazamiento del sueño.

Qué función cumple, qué actividades ha sustituido, cómo reacciona ante los límites y qué uso hacen los adultos en casa.

Cuando la familia ve que el niño «Ha bajado el rendimiento»

Qué puede haber detrás
Qué valoramos antes de intervenir

Ansiedad, tristeza, problemas de sueño, perfeccionismo, desmotivación, conflicto social, dificultad de aprendizaje o atención.

Si el cambio afecta a todas las materias, si coincide con algún acontecimiento y cómo se encuentra antes, durante y después de estudiar.

Cuando la familia ve que el niño «Dice que le da igual todo»

Qué puede haber detrás
Qué valoramos antes de intervenir

Desánimo, cansancio, vergüenza, miedo a fracasar, protección frente a la crítica o pérdida de interés.

Qué ha dejado de hacer, cuánto dura el cambio, cómo están el sueño y las relaciones, y qué emociones aparecen cuando se explora con calma.

Esta forma de analizar el problema evita acumular pautas. Primero construimos una explicación clínica; después elegimos pocos cambios, claros y coherentes con esa explicación.

Tres formas de intervenir según lo que encontremos

Orientación a madres y padres

En algunas situaciones el cambio empieza por los adultos y el menor participa poco o de forma puntual. Este formato puede ser suficiente ante dificultades recientes con rutinas, límites, autonomía, rabietas, adaptación o comunicación familiar. Las sesiones se centran en comprender el patrón, acordar una respuesta común y revisar qué ocurre al aplicarla.

Terapia con el niño o adolescente y trabajo con la familia

Resulta adecuada cuando el menor presenta malestar propio, evitación, tristeza, miedo, baja autoestima, dificultades sociales o conductas que requieren entrenamiento directo. La intervención individual se combina con encuentros familiares para trasladar los cambios a la vida diaria.

Coordinación, evaluación específica o derivación

Cuando aparecen indicios de dificultades de aprendizaje, neurodesarrollo, alimentación, salud física o riesgo clínico que requieren otra evaluación, orientamos a la familia y coordinamos con pediatría, escuela u otros profesionales. El objetivo consiste en que cada necesidad llegue al recurso adecuado y que la familia conserve una visión integrada del caso.

Cómo sabemos si la terapia está funcionando

El progreso suele aparecer antes en la conducta cotidiana que en una frase como «ya estoy bien». Por eso acordamos indicadores que pueden observarse y revisarse:

  • Asiste al colegio con mayor regularidad o necesita menos tiempo para entrar.
  • Se recupera antes después de una frustración y puede reparar lo ocurrido.
  • Pide ayuda, expresa lo que necesita o tolera mejor una respuesta distinta de la esperada.
  • Vuelve a dormir, comer, jugar, estudiar o relacionarse con mayor estabilidad.
  • Afronta situaciones que antes evitaba, aunque todavía sienta miedo.
  • Los adultos aplican criterios más parecidos y las discusiones pierden duración e intensidad.
  • La familia deja de organizar gran parte de su vida alrededor del síntoma.

Estas señales permiten valorar avances, detectar estancamientos y ajustar el tratamiento con rapidez. También ayudan a que el menor perciba cambios que suelen pasar desapercibidos cuando toda la atención está puesta en lo que todavía cuesta.

Qué evidencia guía nuestro trabajo

La investigación orienta el enfoque; la evaluación individual decide cómo se aplica. Para esta página basta con tres referencias que cumplen funciones distintas: situar la salud mental infantil en España y respaldar los dos marcos terapéuticos principales del centro

Situación en niños y adolescentes españoles

El estudio EMOChild analizó una muestra nacional de 5.450 participantes de 9 a 16 años y encontró síntomas clínicamente significativos en al menos un área internalizante en el 10,4 % de los niños y el 14 % de los adolescentes. Son estimaciones basadas en autoinformes y expresan sintomatología, más que diagnósticos clínicos.

Terapia Cognitivo-Conductual

La revisión Cochrane de 2020, con 87 estudios y 5.964 participantes, concluyó que la TCC probablemente mejora los resultados a corto plazo frente a lista de espera o ausencia de tratamiento en los trastornos de ansiedad infantiles y adolescentes.

Terapia de Aceptación y Compromiso

Un metaanálisis publicado en 2025 encontró efectos favorables de ACT en síntomas de ansiedad y depresión en adolescentes y destacó la flexibilidad psicológica como proceso de cambio. Sus autores también señalaron limitaciones metodológicas, de modo que su aplicación requiere criterio clínico y seguimiento individual.

Terapia infantil cognitivo conductual

Fuentes seleccionadas

Orgilés, M., Amorós-Reche, V., Morales, A., Marzo, J. C., Piqueras, J. A. y Espada, J. P. (2026). Depression, anxiety, and internalizing symptoms in Spanish children and adolescents: estimated rates and comorbidity patterns. European Child & Adolescent Psychiatry, 35, 1161-1172.

James, A. C., Reardon, T., Soler, A., James, G. y Creswell, C. (2020). Cognitive behavioural therapy for anxiety disorders in children and adolescents. Cochrane Database of Systematic Reviews, 11, CD013162.

López-Pinar, C., Lara-Merín, L. y Macías, J. (2025). Process of change and efficacy of acceptance and commitment therapy for anxiety and depression symptoms in adolescents: A meta-analysis of randomized controlled trials. Journal of Affective Disorders, 368, 633-644.

Preguntas frecuentes

Scroll al inicio